La Verdad siempre ha sido y siempre será. Podemos saber esto siempre y cuando retiremos la máscara del ego y no seamos atrapados en la oscura trampa de la auto-indulgencia. La verdad estuvo originalmente cristalizada en las varias creencias ancestrales que formaron los estándares culturales del tiempo. En otros períodos en la historia, ha sido cristalizada en religiones tales como el Hinduismo, Budismo, la religión de Zoroastro y Beni-Israel, en el Cristianismo e Islamismo así como también en todas las otras religiones, conocidas o desconocidas para la humanidad.
En realidad, sin embargo, existe una sola Verdad. La Verdad nunca ha sido otra que una y la misma, cualquiera que sea la interpretación con la que ha sido impartida dentro de las limitaciones del entendimiento humano a través de todas las épocas –un proceso que ha resultado en trágicas distinciones y diferencias que dividen a la humanidad a nombre de la religión.
Hay momentos en la vida en que nos contentamos con solo un sonajero, así como los niños, pero en otro momento en la vida un instrumento musical resulta más apropiado a nuestro nivel de apreciación. Luego, en un momento posterior de despertar interior, cuando el horizonte de nuestra consciencia es lo suficientemente ancho para abrazar la unidad de los ideales religiosos, el corazón puede posiblemente llegar a afinarse con la siempre sonante sinfonía celestial de sabiduría.
Desafortunadamente, las condiciones en el mundo son tales que las formas religiosas se mantienen en las manos de aquellos que confinan la sabiduría al entendimiento externo, delimitado por normas y doctrinas. Como resultado de este adoctrinamiento, las siguientes preguntas surgen en las mentes de los seguidores: ¿es importante ceñirse a las reglas de una religión, o es vivir la esencia de esa religión importante? Posiblemente se pueda responder que la verdadera religión es la adoración de Dios, cuya presencia se revela en toda la creación. Por lo tanto, no importa en qué casa se ore, dado que Dios está siempre presente en cada corazón devoto, seamos o no conscientes de esa Divina Presencia.
Posiblemente podemos empezar por respetar las creencias e ideales de otros, aún cuando puedan diferir de las nuestras. Este espíritu de tolerancia, cuando se desarrolla, puede traer consigo el sentimiento de hermandad que es la esencia de todas las religiones. La idea, "Tú y Yo somos diferentes" o "Tu creencia es diferente de mi creencia"o "Tu religión es diferente de mi religión", nunca unirá la humanidad. Aún con la excusa de una gran fe en nuestra propia religión, herir los sentimientos de otro nunca es el propósito de la religión.
La religión es un arte. Es el arte
de la sacralidad. El sentimiento de sacralidad viene de lo profundo
del corazón que puede llamarse altar divino. No importa que
tan hermosa o impresionante pueda ser una forma religiosa, si no hay
sinceridad en el corazón del devoto, todo es en vano. Por lo
tanto, la verdadera religión es ese sentimiento que puede encontrarse
dentro de lo más profundo de nuestro ser.
"No nos interesa convertir a todo el mundo al sufismo. Nos interesa el efecto que ejerce el sufi en su entorno. Es como la levadura del pan. Es muy poca frente a la cantidad de masa, y es lo único 'vivo', pero hace que todo el pan viva. Hay muchos senderos, unos más largos, otros más empinados, unos con flores, otros con espinas; el sufismo es uno de ellos y no sostenemos que sea el mejor. De hecho puede ser peor que otros. Hay que tomarlo como quien entra a un huerto con muchos naranjos. Si te gustan las naranjas de éste árbol, te quedas aquí, si no pruebas las de otro árbol."
Murshid Nawab William Pasnak