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Relatos de un Minuto, parte 2

Tranvía

Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada: "Amplia sonrisa, caderas anchas... una madre excelente para mis hijos'" pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.

Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera le conocía...

Dudó. Ella bajó.

Se sintió divorciado: ¿y los niños con quién van a quedarse?

Las últimas palabras famosas

"¿Hay algo que quieras decirnos antes de dejar el cuerpo y entrar en la tierra de los diez mil Budas?'.

El gurú se apoyó en un codo, el esfuerzo le hizo toser, Los sollozos parecieron flotar sobre el denso silencio, en la penumbra de la pequeña habitación. Hacía calor. Los tres discípulos principales estaban junto al maestro. Desde que se difundió la noticia, no había dejado de llegar gente: discípulos, supersticiosos, curiosos y desocupados. Estos últimos volvían a sus casas por la noche, los otros dormían fuera, temerosos de perderse el momento, ávidos de muerte.

"No quiero morir, tengo miedo".

Tosió por el esfuerzo y se dejó caer sobre los almohadones. Los discípulos intercambiaron una mirada de desconcierto; después miraron de nuevo a su Maestro.

"No ha muerto, seguro que tiene otras cosas que decir."

Así pensaban.

Una reunión de pareja

La niña, más que lamer el helado, se lo pasaba de la nariz a la barbilla. El chico esperaba en el parque, y como ella se estaba retrasando, encendió un cigarrillo y pensó: "Me despreocupo, es ella la que tiene que encontrarme".

El viejo, sentado en el banco. Intentó concentrarse en el periódico, pero se perdió en las volutas de humo.

El niño sintió un nudo en la garganta: alzó la mirada, pero era demasiado tarde: la había visto primero. Se sintió defraudado.

La mujer pensó: "Si me besa, a lo mejor tengo fríos los labios. No debería haberme tomado el helado, que encima engorda".

El hombre se levantó del banco molesto. El periódico cayó al suelo.

El silencio fue Intenso. Eran las dos únicas personas del parque. Se pusieron en camino.

A escena

Ensayó una vez más la ocurrencia, intentando conjugar la modestia de la mirada con el atrevimiento de las palabras. Tras muchas dudas, escogió, entre las sonrisas, una de esas que dicen y no dicen.

Se despeinó con maestría. El vestido se le pegaba al cuerpo, era sexy pero debía tener cuidado; tenía tendencia a engordar.

"¿Estás lista? Sólo tienes cinco minutos".

La voz le llegó amortiguada por la puerta cerrada. Se regaló una última sonrisa ante el espejo y salió. Cogió los libros y se fue al colegio.

« Primera Parte

Agradecemos este aporte a: Alfonso Colodrón Sitio web www.alfonsocolodron.net y Andrea Bocconi.

Extraido del libro: Relatos de un Minuto Editorial Arte y Locura 1993

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