LAS PASIONES CAPITALES
9. LA PEREZA
Tal vez no sea pura coincidencia el hecho de que el último carácter
del eneagrama sea el que más pereza me ha dado escribir. Me han
venido a la memoria muchas de las sesiones con pacientes que comparten
este eneatipo. El recuerdo dominante es el de tener que haber recurrido
a todas mis reservas de energía para vencer una especie de inercia,
de resistencia pasiva inconsciente, aunque siempre
en un clima de afabilidad, concordia y buenas intenciones. Pero quizá
no haya que echarle la culpa a los "perezosos"
y considerar simplemente el hecho de que se trata del último
de los eneatipos, el Nueve, de una serie que empezó a publicarse
en julio del año 2000. Además estamos casi a finales de
año y estas líneas aparecerán en plena “cuesta
de enero”.
Curiosamente, las personas dominadas por esta pasión pueden ser
muy activas, pues pertenecen a la tríada del impulso; es decir,
son impulsivas como los "iracundos" y los "lujuriosos"
(1 y 8), no muy mentales (5, 6 y 7) y poco emocionales (2, 3 y 4). Lo
que ocurre es que normalmente están más dispuestas a actuar
y a moverse más por los otros que por sí mismos. Si algo
puede reprocharse a los "nueve" es precisamente el olvido
de sí. Suelen ser las típicas personas serviciales,
que detectan y escuchan las necesidades ajenas y tienen el hábito
de intentar satisfacerlas anteponiéndolas a las propias. Si en
una comida de grupo encontramos a una persona atenta a qué van
a comer los demás, que se levanta a por el vaso o la servilleta
que falta, que cede su silla al último recién llegado
y que tal vez, gracias a todo ello, esté comiéndose la
ensalada cuando todo el mundo está tomándose el postre,
es muy posible que se trate de una persona perteneciente al grupo que
estamos intentando describir.
A primera vista, por tanto, no son las personas que la psiquiatría
o la psicología clásica considerarían necesitadas
de terapia, ya que son las más adaptadas a su entorno
familiar, profesional y social. Pero es precisamente su sobreadaptación
lo que constituye el problema. Confluyen y se mimetizan tanto con su
medio que al final no pueden distinguir su deseo del deseo del otro,
sus propias necesidades de las ajenas; confunden sus sueños con
los de la pareja y necesitan que todo el mundo a su alrededor esté
bien para encontrarse bien. En cuanto surge el más mínimo
conflicto, intentan apaciguarlo o se protegen, marchándose o
distrayéndose y poniendo la atención en cualquier otra
cosa. Sin embargo, si persiste el conflicto, su forma de agredir será
la resistencia pasiva.
Si en el trabajo un jefe es agobiante, no se enfrentarán directamente
a él, pero pospondrán la tarea, la olvidarán o
pondrán mil excusas para restablecer su rutina perturbada por
el superior en cuestión.
Posponer es un verbo que los caracteriza bastante bien. Cuando surgen
problemas, suelen simplemente negarlos, no como el "goloso 7"
que intenta dar una solución rápida, sino sencillamente
no viéndolos o, mejor aún, esperando
a que se solucionen por sí mismos sin hacer nada. Por
ello, su visión del mundo y de las cosas en general suele ser
excesivamente simple; suelen ver mejor lo que tienen frente a la nariz
que lo que está a diez metros de distancia, porque prefieren
agotar tranquilamente el día de hoy sin esforzarse demasiado
por el mañana. Les cuesta fijarse metas lejanas, pueden incumplir
mil veces sus propósitos cercanos y culparse por no haber alcanzado
los objetivos de la semana. Pero no se morirán de estrés
ni les dará un infarto por ello. Quizá el personaje universal
que mejor les caracterice sea Sancho Panza en toda su grandeza y con
todas sus miserias: sentido común, pragmatismo a ultranza, buen
comer, huida del peligro, rutinas bien establecidas y algo que, por
obvio, suele olvidarse: sacrificar todo ello en aras del ideal de Don
Quijote, a través del que vive una especie de vida vicaria.
Los "nueve" viven las penas y las alegrías de los demás
como si fuesen propias; éstas son su motor y su gasolina
para rodar por la vida.
Todo ello hace que sean personas normalmente dependientes: de los padres,
de la pareja, de los hermanos, de los compañeros de trabajo,
de los amigos... Es difícil que den su opinión sin consultar
antes las de los demás. Al final, nos será difícil
distinguir si es propia o pura asimilación, ya que su principal
mecanismo de defensa es la confluencia,
la pérdida de límites entre ellas y el
entorno, la "con-fusión"
con lo de afuera: una especie de difuminación
de la propia identidad. En sus casos más extremos sería
una especie de fijación sadomasoquista disfrazada de amor. En
la infancia supondría perpetuar el estado del bebé, no
seguir los pasos normales de diferenciación, principalmente de
la madre que pudo ser una madre superprotectora, aunque, en otros casos
pudo ser lo contrario: ante una falta de atención generalizada
por un exceso de hermanos o por el trabajo absorbente de los padres,
el niño o la niña tuvieron que hacer un esfuerzo de sobreadaptación
para "merecer amor". De aquí, una especie de resignación,
de poner de lado los deseos propios, las necesidades personales, en
aras de satisfacer continuamente a los padres hasta el punto de llegar
finalmente a responsabilizarse de los deseos y necesidades de éstos.
Cuando un NUEVE acude a terapia es que está despertando. Su malestar
es un primer síntoma de que se está dando cuenta finalmente
de que ha construido su vida en falso, y uno de los primeros pasos tal
vez sea desidealizar a los padres y no sentirse culpable por pensar,
sentir y desear cosas distintas; por atreverse a vivir una vida propia.
Para ello, les es útil empezar a valorar sus cualidades,
que generalmente pasan por alto no dándoles mucho crédito.
Sin embargo, la verdadera modestia es un peldaño seguro de ascenso
personal y de aceptación por parte de los demás; por ello,
podrían dejar de temer tanto la exclusión del grupo. Si
se relajasen en este esfuerzo por sentirse siempre incluidos, la energía
que ponen al servicio de los demás la tendrían disponible
para sí mismos. Sobre todo, en el ámbito de la escucha.
En lugar de escuchar tanto a los demás, podrían dedicarse
más tiempo y espacio a escuchar su mundo interno,
en el que generalmente no profundizan.
Al releer este párrafo, me doy cuenta de su tono de moralina
y aconsejador y vuelvo a recordar qué sacan de mí los
"nueve": ganas de empujarles, deseos de que utilicen todo
su potencial dormido, indignación cuando se dejan engañar
o explotar, impaciencia ante su lentitud, sobreestimulación de
alternativas y puntos de vista ante su excesiva simplificación
del mundo... Pero todo ello es una trampa, porque asentirán inmediatamente,
confluirán, sonreirán, se harán buenos propósitos
haciéndome creer que está todo más claro que el
agua y volverán a su ritmo y a su resistencia pasiva. Paciencia
es lo que aprendo de ellos, porque de esta virtud andan sobrados.
Se me ocurre que la cara y la cruz de este eneatipo en el mundo en que
vivimos serían: por un lado, un ejemplo de autosatisfacción
y conformidad en tiempos en que muchas personas se encuentran inmersas
en una carrera consumista en persecución insatisfactoria de aquello
que siempre creen que les falta; por otro, el obstáculo que supone
esta actitud para efectuar los cambios que el sistema necesita; los
gobiernos, las burocracias, las grandes instituciones caminan a paso
de elefante ante las urgencias sangrantes de la situación histórica
que vivimos. Y es que los "perezosos" son generalmente conservadores
y obstinados; una obstinación que raya en la
terquedad puesta al servicio, en este caso, de la tradición,
lo conocido y las mayorías acomodaticias, con el supuesto enfrentamiento
pasivo al riesgo que supone cualquier innovación.
En el plano espiritual, los "nueve" suelen ser los más
"terrenales" de todos los eneatipos; no suele encontrarse
entre ellos muchos esoteristas, meditadores o buscadores, sobre todo
en Vías que supongan esfuerzo personal y constancia. Y esto,
porque suelen desinteresarse de todo aquello que no se pueda ver, oler
y tocar fácilmente. Por ello pueden ser buenos funcionarios y
buenos diplomáticos. Les gusta mediar y les encantan las estructuras
que proporcionan estabilidad y pocas sorpresas. Sin embargo, cuando
despiertan a su verdadero deseo, a su auténtica necesidad, puede
surgir paradójicamente el Amor genuino
por los demás y trabajar con eficacia en profesiones de ayuda
o en actividades de voluntariado: al trascender su carácter,
pueden poner al servicio de los otros su serenidad,
visión incluyente, modestia y, sobre todo, su tendencia
a las dimensiones transpersonales de la existencia humana.
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"Pasiones Capitales" es un aporte de
Alfonso Colodrón - Terapeuta Gestáltico y Consultor
Transpersonal. |
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EL
CONFORMISMO
De rostro afable y redondo -los cristales de las gafas trabajados
con plástico rígido- está sentada en un banco
trabajado con pan de oro, en cuyo respaldo se lee una inscripción:
NUEVE , el único cuadro que tiene el número escrito
en letras. Dicha inscripción coincide a modo de broche
en su corazón y es que ella se funde haciéndose
transparente y no siente su cuerpo a causa de su sobreadaptación.
Plácidamente se deja invadir por las palomas, animales
gregarios como ella y símbolos de la paz que recuerdan
su espíritu conciliador. Las pesadas bolas representan
la falta de iniciativa y la pereza mental. La técnica utilizada
es óleo, collage, y pan de oro sobre tabla. Sus medidas
son 90 x 90 cm.
La ilustración pertenece a la serie"Nueve
Pasiones" de Ana
Roldán, pintora española especializada en el
retrato y la acuarela, que comienza ahora una nueva andadura en
su pintura, en la que se integra todo lo aprendido, todo lo vivido,
y en donde se funden los tres centros vitales: el emocional, el
intelectual y el visceral, para representar así, intuitivamente
a unos personajes cargados de simbolismo y color, en todas sus
facetas espirituales y psicológicas. Más información
de la autora en su sitio web www.anaroldan.com.
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