LAS PASIONES CAPITALES
3. LA VANIDAD
La más sutil de las vanidades es conseguir que ésta no
se vea. Llamar la atención sin que se note demasiado. Por ello,
el tipo Tres del eneagrama puede no ser la persona que vulgarmente llamaríamos
vanidosa. Al igual que la ira del y el orgullo del Dos, la vanidad del
Tres está normalmente velada o, al menos, nos suele ser del tipo
jactancioso y burdo. El velo más común es una
apariencia de naturalidad, optimismo y eficacia: como el camaleón,
las personas pertenecientes a este rasgo pueden
adaptarse a cualquier entorno y triunfar en él.
De hecho, la vanidad no se encuentra entre los pecados capitales de
la Iglesia católica, no tiene entidad propia, pues queda asimilada
al orgullo. El máximo logro de los vanidosos tal vez haya sido
imponer su pasión -que es la de aparentar
para conseguir- como valor dominante en la actual cultura
mercantilista de Occidente. El Tres se fija metas,
planifica, cumple los plazos fijados, ejecuta fielmente las estrategias
que se ha marcado para conseguir sus fines y logra sobresalir en su
medio social y profesional. Hasta tal punto es "invisible"
la vanidad -el fingimiento de lo que realmente se es- como patología,
que no está recogida en el "Manual diagnóstico y
estadístico de los trastornos mentales" (DSM-III. No es
una coincidencia que el DSM sea un producto estadounidense y que la
cultura de Estados Unidos valore tanto al conseguidor, al ejecutivo
eficaz, al triunfador. Y sobre todo que sea la sociedad de la imagen
por excelencia, el paraíso de la publicidad, en donde
cuenta más el envoltorio que el contenido, el personaje
más que el político, el eslogan antes que el programa
y, en definitiva, el gesto mediático más que la verdadera
intención.
Curiosamente, en los grupos en los que se trabaja el Eneagrama, la gran
mayoría de los que se incluyen en este rasgo son mujeres. Quizá,
porque en una sociedad predominantemente machista, muchas mujeres hayan
tenido que depender más que los hombres para ser y existir de
la mirada del otro: del padre, de la madre, de los profesores, del novio,
del marido, de los colegas de profesión, de la sociedad en general.
Los Tres fueron generalmente valorados
en su infancia por su hacer más que por su ser,
por su conducta más que por sí mismos, por sus logros
más que por los esfuerzos que hacían para conseguirlos.
En muchas ocasiones, vivieron como una carrera de obstáculos
la consecución del cariño o del reconocimiento y la satisfacción
de la simple necesidad de ser tenidos en cuenta. Había que adaptarse
a los deseos de papá o mamá para tener una identidad.
Y fueron creciendo creyéndose ser aquello a lo que se adaptaban.
Y ésta es precisamente la tragedia del Tres: no saber
quién es en realidad, porque no desarrolló desde
que era niño o niña el hábito de contactar con
sus propios sentimientos y deseos. Llegó a creer que la mirada
del Otro le hacía existir y que los demás sólo
podían apreciarle por su actividad y por su imagen. En la loca
carrera por agradar y triunfar, es lógico que aparezcan el estrés,
la ansiedad y los infartos como enfermedades típicas de este
rasgo.
Ante la falta de verdadera identidad, se aferran a la seguridad que
se dan a sí mismos y que generan a su alrededor. Unos la pondrán
en la riqueza material –hombres de negocio de
éxito internacional como Walt Disney-, otros en el triunfo
social y profesional -políticos como John F. Kennedy
o Ronald Reagan- y algunos en el atractivo sexual,
como Marilyn Monroe, como prototipo de la "diosa sexual",
capaz de atraer al sexo opuesto a costa de vivir, según su propia
confesión, el personaje que ellos se inventaban: "He
permitido que los hombres se engañen a sí mismos. En ocasiones,
no se han preocupado en averiguar quién o qué era yo.
En lugar de eso, se inventaban un personaje. Ni me molestaba en discutir
con ellos: era obvio que buscaban alguien que no era yo...".
También es muy típico que puedan ser polifacéticos
y triunfar en lo que se propongan como el cantante, actor, presentador
de televisión y muchas cosas más Miguel Bosé, hijo
de actriz y de torero famosos a los que obviamente tenía que
emular. Pero si hay algo en lo que fracasan,
salvo que tomen conciencia de que toda su vida es un esfuerzo por gustar,
estar a la moda y ser alguien para los demás, es
en vivir intensamente lo que son sin representar ningún papel.
En una memorable entrevista televisada que hizo a Chavela Vargas, se
le ve naufragar, intentar quedar bien, achicarse, ante una fuerza de
la naturaleza que se ríe de sí misma y del mundo y que
pasa totalmente de su imagen y del qué dirán. Cualidades
todas ellas de las que carece el Tres, pero con las que podría
vacunarse de su verdadera angustia: el
vacío de no saber quién es en realidad.
Por ello, rara vez los Tres se dejan tiempo libre para la soledad
y la reflexión. Prefieren el grupo ante el que brillar
y la actividad que les defienda del riesgo de los tiempos muertos, ante
los que sienten un auténtico pánico. Si descansan, lo
hacen como preámbulo necesario a la siguiente actividad. Si fracasan
en algo, rápidamente lo minimizan y tienen en mente un próximo
logro más seguro. En sociedad suelen ser brillantes, en equipo,
eficaces, en familia, responsables, con los amigos, serviciales. El
leit motiv: mantener la imagen;
si para ello hay que competir, se encuentran en su salsa. La intención
final: todo ha de servir, incluso las amistades, para conseguir
sus metas. Por ello podría decirse del "vanidoso"
que es un ejecutor, un conseguidor y un mercantilista. Se vende bien
y vende bien todo lo que le rodea.
Precisamente este "don" de la imagen, de quedar bien en cualquier
situación, de adaptabilidad al medio, hace que sea a veces muy
difícil detectar a un Tres, que parecerá muy mental e
intelectual en un ambiente universitario; mundano, divertido y emocional
en una fiesta social; y aventurero, pasional o hippy en unas vacaciones
en el Amazonas. Una pequeña clave para distinguirlo en un grupo
podría ser su disponibilidad a gestionar los planes, a dirigir
el cotarro, de una manera suave, sin imponerse demasiado ni suscitar
ninguna oposición. Recuerdo la forma en que una Tres se ofreció
como quien no quiere la cosa para ser la portavoz de un grupo de trabajo:
antes de que nadie pudiera proponerse, ya estaba tomando eficazmente
notas con aire de mosquita muerta y mucha diplomacia. Resultó
ser una terapeuta competente y versadísima en siete u ocho técnicas,
que había trabajado con los mejores especialistas del mundo.
Simplemente no suscitaba la competitividad de los demás, pues
ella la tenía incorporada como una segunda piel.
A quien le interese la Homeopatía, el Tres se ha asociado con
"Phosphorus". Según Catherine Coulter, "emocionalmente
es comprensivo, impresionable y sensible a la vibración del otro...
Posee una intuición muy fina en su trato con los demás
y los predispone a su favor con pequeñas atenciones verbales,
con cálidos elogios o mostrando una consideración enternecedora...
Es gregario y necesita gente a su alrededor para sentirse entero, bien
y feliz... Se considera más sensible y refinado, más intuitivo,
más entretenido, más dotado y más espiritual que
los demás... Tiene temperamento de actor. Debajo de su genuina
sociabilidad subyace la necesidad de audiencia y... necesita del aprecio
y atención de los demás para sacar lo mejor de su propia
naturaleza y sentirse vivo".
Así pues, el mayor peligro
de este tipo de personalidad es que
puede creerse tanto sus sucesivos papeles, captar tanta
atención y tanto aprecio que pueden morir de éxito. Dicho
de otro modo: si ninguna crisis llama a su puerta, por una enfermedad
grave, un pérdida dolorosa, un fracaso estrepitoso... pueden
mantenerse permanentemente alimentados por la mirada ajena, incluso
por la admiración expresa o la envidia tácita de los demás
y seguir engañándose y engañando sin llegar nunca
a contactar con su verdadero Ser. Incluso cuando acude a terapia, puede
ser el paciente perfecto que proporciona al terapeuta el material que
cree que éste necesita.
Un Tres que entre en una vía de
desarrollo personal no tiene más remedio que
afrontar su miedo a mirar hacia adentro,
su pánico a detenerse y poder estar sin hacer, a fluir sin controlar,
a vivir el presente sin planificar los próximos minutos, a permanecer
solo sin engancharse al primero que se le atraviese en el camino o le
llame por teléfono. La meditación es una excelente vía
para quien se halla dominado por la pasión del fingir y del hacer
como sustitutos del simplemente ser. Con un poco de práctica
es posible que llegue a la máxima TRANSPARENCIA
y HONESTIDAD. Es entonces cuando no necesitan adaptarse a lo
que creen que los demás valoran de ellos, sino que pueden convertirse
en auténticos MODELOS para los demás,
sirviéndoles de guía en la seguridad,
autonomía, eficacia y entusiasmo que pueden llegar a emanar.
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"Pasiones Capitales" es un aporte de
Alfonso Colodrón - Terapeuta Gestáltico y Consultor
Transpersonal. |
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LAS
APARIENCIAS
Adornada, maquillada y con postura estudiada, mira en el espejo
cómo brilla su cara de éxito.
El fondo del cuadro recuerda la cola de un pavo real. Un velo
de papel de seda le cubre el rostro como símbolo de la
máscara, de la falsedad del gesto y luce una condecoración
de papel por el mérito al trabajo que cuelga de su pecho
tapado, exhibiendo sin pudor el encanto del otro pecho desnudo.
El número 3, bien evidente, sale de su brazo hacia la izquierda
del cuadro. El espejo está en relieve y trabajado en pan
de oro así como el sofisticado adorno central.
La técnica utilizada es óleo, collage y pan de oro
sobre tabla y sus medidas son 100 x 80 cm.
La ilustración pertenece a la serie"Nueve
Pasiones" de Ana
Roldán, pintora española especializada en el
retrato y la acuarela, que comienza ahora una nueva andadura en
su pintura, en la que se integra todo lo aprendido, todo lo vivido,
y en donde se funden los tres centros vitales: el emocional, el
intelectual y el visceral, para representar así, intuitivamente
a unos personajes cargados de simbolismo y color, en todas sus
facetas espirituales y psicológicas. Más información
de la autora en su sitio web www.anaroldan.com.
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