LAS PASIONES CAPITALES
2. EL ORGULLO
Ella -porque era una "ella" y no un "él"-
entró en mi consulta con paso elegante de gacela, se sentó
en el sillón con una desenvoltura algo llamativa y me miró
unos instantes directamente a los ojos como si me preguntara con la
mirada: ¿reconoces mi belleza de alma?.
Sin darme tiempo a que yo pudiera verificar si se trataba simplemente
de una fantasía mía o de una intuición basada en
la experiencia, me ofreció maternalmente una pastilla para la
tos al oírme carraspear, al tiempo que me aconsejaba: "Tómate
este caramelo de propóleo y miel y verás cómo se
te pasa la tos. Supongo que no fumas, pero quizá vas demasiado
poco abrigado con estos bruscos cambios otoñales de temperatura".
Es éste el primer recuerdo que me ha venido a la mente al iniciar
estas reflexiones sobre las personas cuyo patrón de comportamiento
viene esencialmente motivado por la pasión
del orgullo. Pero lo mismo que los auténticos
iracundos tienen tapada su ira, los orgullosos del eneagrama no suelen
ser conocidos por su orgullo, sino por su davidosidad
y preocupación por los demás, que puede resultar
invasiva. No son los burdos y soberbios luciferinos de los que nos hablaban
los curas cuando trataban el pecado capital de la soberbia, sino ese
tipo de personas que van siempre cubriendo las necesidades ajenas,
movidas por el ansia de ser reconocidas, de ser queridas, de recibir
lo que con tanta generosidad ofrecen sin que nadie se lo pida.
Su intensa necesidad de amor, frustrada en algún momento de
su infancia, les hizo desarrollar un arraigado mecanismo de compensación
de considerarse especiales. Sin embargo,
la necesidad original sólo queda amortiguada a través
del amor del otro, de un poco de intimidad, de compartir emociones,
de ser tenido en cuenta. La clásica "mujer
fatal" de tantas novelas y películas famosas no es
sino una pobrecita niña que busca en el fondo los mimos y las
caricias de papá, para el que fue, en algunas ocasiones, su "princesita"
o que, en otras, estuvo ausente y fue idealizado.
En algunos hombres -son más numerosas las mujeres de este tipo,
calificada en el Eneagrama como Dos-, la actitud se parece más
a una cierta competitividad, sólo encubierta a primera vista:
ellos son los primeros y, si no, lo intentan ser, por el esfuerzo o
por el encanto: nunca se saltarán una cola a puñetazos,
sino sonriendo, ofreciendo algún consejo o buscando la amistad
de quien tenga poder para ponerles en cabeza.
Sin embargo, hombres y mujeres Dos comparten una emotividad a flor
de piel; de hecho comunican mejor sentimientos y emociones que
abstracciones mentales o deducciones lógicas. En medio
de un clima de alta emotividad se encuentran en su salsa. La expresión
continua de sus emociones puede degenerar en un cierto histrionismo:
de un grano hacen una montaña y su universo emocional es "la
realidad objetiva", ya que el mundo no es como es,
sino como lo sienten. Suelen buscar la libertad a todo trance,
por lo que la rutina y la disciplina no son precisamente sus puntos
fuertes. A veces parecen niños mimados, o tal vez lo fueron en
su infancia, por lo que sus caprichos y cambios de humor parecen no
tener fin. Pero quien tenga un amigo o una amiga Dos lo que resaltará
será sus dotes de seducción y su capacidad de ayudar,
sin pedir aparentemente nada a cambio: su orgullo no le permite expresar
sus necesidades, aunque sí esperan que se las satisfagan sin
pedirlo. De aquí la hostilidad que surge si no recibe lo que
cree merecer; pero en general será una hostilidad manifestada
en forma de despreciativo silencio
o de digno abandono haciendo mutis
por el foro: el otro no ha merecido su cariño y le ha herido
en lo más profundo de su amor propio. Le ha revelado el tabú
de los tabúes: su enorme dependencia emocional, tras ese barniz
de falsa autosuficiencia.
Dicen que grandes personajes como Alejandro Magno y Napoleón
fueron movidos por este tipo de orgullo. Pero tal vez el paradigma de
este tipo sea Cleopatra que, aprendió ya a los diez años,
a la caída de su padre, que "para un rey, el orgullo
y la altivez están por encima incluso del poder"
y que la esclavitud y la sumisión son indignas. Entre los personajes
modernos, podrían nombrarse a Elvis Presley, Elizabeth Taylor,
Jerry Lewis o Madonna.
Como en todos los eneatipos, existen tres subtipos que, en el caso
del Dos, y muy esquemáticamente podrían caracterizarse
como: el seductor agresivo que fuerza el contacto
de los demás, pero que más que sexo, lo que desea
es ser deseado, ser querido como señal de aprobación;
el ambicioso social que necesita la asociación con gente
poderosa como fuente de protección y para cubrir la
necesidad de asegurarse una posición dentro de cualquier grupo;
el competitivo cuya actitud "yo primero" le proporciona su
falsa identidad de autoconservación. Sin embargo,
los tres subtipos pueden compartir además la existencia de múltiples
"yoes", dependiendo de sus estados emocionales y de la mirada
de los demás.
A la espera de posteriores investigaciones empíricas, a mí
se me antoja que las personas que he conocido movidas simplemente por
este patrón de conducta caracterizado como Dos, ya que los seres
humanos por su propia riqueza se resisten a clasificaciones simplistas,
podrían equivaler a ciertos rasgos de los Leo en la astrología
occidental y a los "Caballos" en la astrología china.
Los “Dos” evolucionan cuando contactan con sus
verdaderos deseos, en lugar de someterse a los de los demás
o competir con ellos. Entonces detectan su hábito de manipular
y pueden reconocer el verdadero valor de los otros como personas y no
como objetos de su aparente generosidad. Tal vez entonces se den cuenta
que obtener aprobación no es lo mismo que obtener amor y que
el compromiso no significa pérdida de libertad sino su verdadero
ejercicio consciente. En ese momento es posible que cambien el romanticismo
idealizado por la verdadera intimidad. Para ello es muy aleccionador
el libro de reciente publicación en castellano "Las
mujeres y el deseo" de la psicoanalista y feminista junguiana
Young-Eisendrath. (Editorial Kairós, Barcelona.
Cuando un Dos puede atravesar la noche oscura de la envidia, contactar
con su verdadera carencia y empezar a reconocer lo que le falta, puede
emerger realmente como una persona nueva, compasiva consigo misma y
con los demás. Puede en ese momento dar sin esperar nada a cambio,
pues ya lo tiene todo. Es entonces cuando puede transformar el orgullo
injustificado de creerse especial en un AUTÉNTICO
ORGULLO DE SER Y DE REBOSAR VERDADERO AMOR INCONDICIONAL QUE, PARADÓJICAMENTE,
ES GENUINAMENTE HUMILDE.
|
"Pasiones Capitales" es un aporte de
Alfonso Colodrón - Terapeuta Gestáltico y Consultor
Transpersonal. |
|
LA
DONANTE
Ella siempre está bien, semblante alegre, sobradamente
llena, altiva, de generosas curvas, apenas lleva adornos ni joyas,
sólo las flores que le echan y que ella misma emana. No
mira para abajo, nada pide, pues "nada necesita", tan
solo que la necesiten las personas que con el mismo color de sus
faldas salen de entre ellas, seducidas , dependientes y manipuladas.
El número 2 está pintado en negro entre los oros
del respaldo del sillón a la izquierda del cuadro.
La técnica utilizada es óleo y pan de oro sobre
tabla y las medidas son 100 x 80 cm.
La ilustración pertenece a la serie"Nueve
Pasiones" de Ana
Roldán, pintora española especializada en el
retrato y la acuarela, que comienza ahora una nueva andadura en
su pintura, en la que se integra todo lo aprendido, todo lo vivido,
y en donde se funden los tres centros vitales: el emocional, el
intelectual y el visceral, para representar así, intuitivamente
a unos personajes cargados de simbolismo y color, en todas sus
facetas espirituales y psicológicas. Más información
de la autora en su sitio web www.anaroldan.com.
|
|