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Más allá del ocio y del negocio

Ocio Creativo
Por Hugo Marroquín - ©2005

Hay una tradición que cuenta que cuando un arquero dispara la flecha simplemente por deporte, lleva consigo toda su capacidad. Pero cuando depende de la obtención de un premio, queda ciego; pierde la dirección en vista que percibe dos blancos. Su habilidad no ha cambiado, pero el premio lo distrae. Se preocupa más por vencer que por lanzar, y la necesidad de ganar anula su capacidad en tanto que la fragmenta.

El paradigma de la sociedad industrial quiso configurar el desarrollo en base a tres fases bien marcadas, a saber: 1) formación, 2) empleo y 3) retiro. Tal configuración lineal pierde validez y su incoherencia queda al descubierto con el advenimiento de los nuevos tiempos que requieren los sentidos bien sintonizados en el presente y una perspectiva de interacciones constantes, donde la interpretación personal de las circunstancias juega un rol preponderante en la comunicación y en la toma de decisiones.

Las divisiones entre ocio creativo y negocio (entendido como acción de servir) se hacen cada vez más tenues porque la interacción permanente requiere que combinemos sinérgicamente ambos aspectos sin condicionar uno al otro; desarrollando, así, una mirada más integral y de bienvenida a la participación.

Un mundo como el actual requiere no sólo estar al día con la información, sino desarrollar criterios a partir de una posición de prudente curiosidad y perseverancia, y así ir convirtiendo los opuestos en contrastes: formal e informal, centralización y descentralización, estabilidad y cambio, jerarquía y participación, pensamiento y acción, subjetivo y objetivo, interno y externo, entre otros

Basado, inicialmente, en los aportes de la Universidad de Chicago, la Universidad de Harvard y la Universidad Complutense de Madrid, a partir de investigaciones que vienen tomando muchas décadas y en cuyo proceso se propusieron, entre otras cosas, entrevistar por todo el mundo a personas originalmente creativas: músicos excepcionales, premios Nobel, deportistas disciplinados, empresarios íntegros, sacerdotes auténticos, escritores prolíficos, científicos originales, alpinistas, maestros del ajedrez, entre otros; se puede decir que las ideas o productos que merecen el calificativo de «creativos» surgen de la sinergia de muchas fuentes, y no sólo de la mente de una persona... Es más sencillo potenciar la creatividad cambiando las circunstancias y estímulos del medio ambiente que intentando hacer que las personas piensen de una manera diferente y más inteligente... Un descubrimiento realmente creativo no es casi nunca el resultado de una intuición repentina, una bombilla que se enciende de pronto en la oscuridad, sino que llega tras años de persistencia y comunicación.

Ello sucede cuando sintonizamos plenamente nuestra atención, es decir cuando estamos presentes en lo que hacemos y encontramos equilibrio entre las oportunidades y nuestros talentos para asumirlas. Entonces en la conciencia no queda espacio para pensamientos ni sentimientos irracionales que nos distraigan.

Las personas que descubren y despliegan este tipo de actividades de valor inmanente, necesitan depender menos emocionalmente de los demás o supeditarse a la búsqueda de fama o al afán por comodidades superficiales, porque sus actividades ya son gratificantes en sí mismas, dejando que el resultado sea consecuencia del proceso. Ello puede acontecer en el ámbito profesional, familiar o social.

Ocio Creativo
© KillR-B

Es aquí donde se nota, más claramente, que la separación entre ocio creativo y negocio pierde significación ya que cada actividad que se realiza está integrada en el resto de la vida y adquiere sentido en un todo unitario, como cuando ponemos una pieza en un rompecabezas. Se da así una sinergia permanente en el despliegue de actividades generadoras de valor.

Para ello, entre otros puntos claves, es preciso pensar en un nuevo tipo de educación - más allá de las aulas - en la que entendamos, una vez más, que ser racional no significa "estar bien informado" sino desarrollar la escucha atenta, el criterio, la comunicación, la creatividad, la solidaridad…

Se requiere entonces dar menos importancia a los esquemas acostumbrados de educación y centrarse más en el proceso cotidiano de diálogo fecundo y encuentro con la realidad, el cual lleva al descubrimiento y al crecimiento, tanto subjetivo como objetivo. Pensemos en nuevos contenidos y métodos, nuevos objetivos, nuevos espacios de descubrimiento, nuevos formadores, nuevos participantes, nuevos procesos, nuevos escenarios de participación...a ver qué sucede.


Agradecemos este aporte de nuestro amigo Hugo Marroquín Rivera - profesor de la Universidad San Ignacio de Loyola en Lima - Perú desde hace 9 años, quien además se desempeña como consejero empresarial.

Otros artículos del autor:
- Sin ocio no hay negocio y viceversa
- Generosidad, cooperación y crecimiento
- El orden subjetivo (publicado en la sección "El consultor escribe" de Campoverde).

 

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