

LO QUE SE USA Y TRABAJA CONSTANTEMENTE,
SE
ENTRENA, SE FORTALECE Y SE
IMPONE.
Esta historia comienza con un príncipe que, por algunas circunstancias
que no viene al caso nombrar, tiene deformado su rostro y enfrenta
un grave problema: como en todo cuento, en éste tampoco falta
la presencia de una hermosa princesa y él se encuentra irremediablemente
enamorado de ella. Esta princesa, de inigualable belleza, habita un
reino vecino no muy lejano. El príncipe tuvo oportunidad de
conocerle en un corto viaje quedando prendado al instante de tan
singular encanto pero, no atreviéndose a acercársele
por temor a ser rechazado.
Desesperado por lograr conquistarla, busca al mejor orfebre que existe
en todo el reino y lo manda traer a palacio. Estando a solas con él, le encomienda confeccionar la más hermosa máscara nunca antes vista y que plasme en ese “rostro
moldeado a medida” las más gráciles cualidades, las formas más exquisitas y el atractivo más grande que sus manos pudieran labrar. Pero, lo más importante, este nuevo “rostro” debería estar elaborado de materiales tan maleables que pudiesen ajustarse perfectamente a su cara y de esta forma no permitir que los demás
descubrieran que estaba sobrepuesta.
Largos meses duró el orfebre recluido en las habitaciones del castillo que le habían sido designadas y envuelto de lleno en su labor. Fueron largos meses de añoranza para el príncipe, pero sabía que tendría que esperar si deseaba tener en sus manos ese preciado objeto con el cual podría, ahora sí,
lanzarse de lleno en la conquista de su amada.
Finalmente, tras 9 meses, el orfebre terminó su obra y se la presentó al príncipe. Este quedó asombrado de la belleza que la máscara transmitía y de los materiales tan dúctiles y maleables que hacían prácticamente una segunda piel. Colocó lentamente la máscara sobre su rostro y una vez que se acostumbró a traerla puesta partió de inmediato a visitar a la mujer de sus sueños...
Cuando ella le ve por vez primera, queda totalmente deslumbrada por
el embeleso que transmitía:
¡Qué fuerza y magnetismo! ¡Qué belleza
y armonía nunca antes vistas!.
Al poco tiempo de compartir y de convivir, ella se dio cuenta
de las cualidades que acompañaban al príncipe y deciden casarse... Pero la felicidad poco duró.
El príncipe, por un lado, se sentía feliz de compartir la vida con su amada, pero por otro se sentía engañándola o con la inquietud de sí ella sería capaz de amarle por él mismo más allá de ese antifaz. Fue así como transcurrieron varios años en los cuales el príncipe se debatía internamente entre qué decisión
tomar.
Finalmente un día decidió contarle a la princesa toda su
verdad.
Estaba dispuesto a compartirle que usaba una máscara y que ese no era su verdadero rostro. Así que, al anochecer, se acercó a ella y le contó la farsa que utilizó para poder conquistarle, posteriormente se desprendió de la máscara
que le acompañó durante
estos largos años, tras una pausa le dijo:
- Este es mi rostro.
-Lo sé.
Él le muestra la máscara que tiene en la mano e insiste:
- Esta es la máscara que usé para conquistarte. No te importa que te haya engañado, que te haya mentido y utilizado una máscara para disfrazar mi fealdad.
La princesa le contesta:
- No sabía que usabas una máscara, Pero en realidad ¡es igual, idéntica a tu rostro!
Entonces, el príncipe corre a mirarse ante el espejo y... se toca, se jala, se pellizca. ¡No puede creer lo que sus ojos están viendo!: su rostro se transformó en la misma máscara
que llevaba puesta.
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Esta
historia, a pesar de parecer un cuento de los muchos que oímos
a lo largo de nuestra infancia puede, sin embargo, reflejar mucho de
nuestra actual condición. La mayoría de los cuentos que
escuchamos durante nuestra infancia encierran claves que hoy podemos
entender mejor, por ejemplo el cuento de “La
Bella y la Bestia” habla en forma metafórica
de dos personajes que cohabitan dentro de nosotros. La bella usualmente
representa a nuestra consciencia, nuestra esencia incontaminada e incontaminable,
mientras que la bestia representa a nuestro ego, a los aspectos más
densos de nuestra personalidad que arremeten contra los demás
y por supuesto también nos causan mucho daño
a nosotros mismos.
En este cuento la deformidad del rostro del príncipe es precisamente
eso: la bestia, el ego y todos sus "quieros" y
apabullantes deseos que busca lograr por encima de todo y de todos
y por ende su vida está plagada
de luchas, peleas y limitaciones.
El príncipe y la princesa generalmente en los cuentos vienen
a representar a esos dos aspectos presentes en todos nosotros, pero,
por lo general también se encuentra presente como telón
de fondo una “lucha”, esfuerzo o trabajo necesarios para
conquistar o despertar a la amada, es decir: nada se da fortuito sino
como resultado de un trabajo sostenido con nosotros mismos. Para pulir
el propio diamante es necesario limar las aristas. El príncipe
azul no es otra cosa que un nivel alto de vibración –índigo-
en el cual se han conquistado las etapas que le preceden y se ha adquirido
Comprensión y Sabiduría en el camino.
En cierto sentido podemos decir que todos buscamos nuestro príncipe azul –mujeres
y hombres- si lo consideramos como nuestra realización interior,
nuestra paz y satisfacción y la potencialización y expresión
de Lo Mejor de Nosotros Mismos.

La máscara, viene a representar también un estado interno en el cual le damos la “opción al amor”. Cuando somos capaces de emitir una sonrisa en lugar de un agresivo gesto. La máscara la usamos en aquellos momentos en que nos damos cuenta de esa lucha interna entre la bestia y el Ser y decidimos relacionarnos desde lo mejor de nosotros mismos. Es decir: podría muy bien vociferar e insultar hasta rabiar y dejar al ego actuar, sin embargo, me doy cuenta y elijo usar de manera consciente mis valores y virtudes.
Es importante recordarnos el tratar de evitar relacionarnos desde nuestras egóticas "pasiones". En la medida que nos vamos entrenando en la expresión de nuestros valores, estos se van arraigando en nosotros mismos hasta cambiar el desolado y desértico paisaje de las limitaciones en uno rebozante y lleno de vida que expresa nuestras virtudes y dones.
Todo cambio comienza en principio con la aceptación de una nueva información que posteriormente tendrá que llevarse a la practica en el laboratorio de nuestra vida diaria hasta que los resultados obtenidos nos demuestren que hemos reemplazado los programas arcaicos y limitantes por unos más amplios y satisfactorios.
Así pues, tenemos que entrenarnos constantemente en la expresión
de nuestros valores, mismos que al inicio tendrán
esa característica de la máscara: ser ajenos a nosotros,
algo fingido hasta que por fin podamos instaurarlos por completo dentro
de nosotros y éstos se vuelvan una competencia inconsciente, un hábito
altamente efectivo que opera en nosotros sin que apenas nos percatemos
de ello. En la
medida que vamos creando dentro de nosotros esas nuevas “vías
neuronales”, abriendo el paso y limpiando el terreno, podremos
transitar más libremente hacia comunicaciones y relaciones
más sanas y enriquecedoras.
Tomemos nuestra propia arcilla y vayamos modelándonos, haciendo “como sí” y re-programándonos en la expresión de nuestros valores. Para tales efectos les compartimos un compendio de Comunicación altamente Efectiva y además un excelente método de re-programación para nuestro diálogo interno:
COMUNICACIÓN AGRESIVA: |
COMUNICACIÓN EFECTIVA: |
- Pero... |
- Me gustarla complementarlo con... |
- Debes |
- Es necesario |
- ¿Por qué...? |
- Me gustaría conocer el motivo... |
- Tienes que... |
- Es importante que... |
- Tú nunca... |
- Algunas veces he observado que... |
- Tú siempre... |
- Con alguna frecuencia sucede que... |
- No es cierto |
- Entiendo tu punto de vista |
- No sea bruto |
- A veces nos falta más información |
- Te lo advertí |
- ¿Cómo harías para obtener otro resultado? |
- Me molesta que... |
- Te propongo que... |
- No quiero que tú... |
- Cómo te parecería sí tú... |
- Estás equivocado |
- Comprendo que en tu experiencia es así |
- No me gusta que... |
- Me sentiría feliz sí... |
- No soporto cuando... |
- Te agradecería sí... |
- ¿Por qué me haces eso? |
- Me gustaría saber la razón de... |
- ¿Por qué pone esa cara? |
- Entiendo como te sientes |
- Eso es problema suyo |
- Estoy seguro que puedes encontrar la solución |
- ¿Cómo pudiste ser tan..? |
- Sé que es tu forma de hacerlo |
- No hagas esto o aquella |
- ¿Te gustaría ensayar otra forma? |
- Sólo a usted se le ocurre |
- Sé que hiciste lo mejor que podías |
- Te dije que no lo hicieras |
- Me encantaría que contaras conmigo |
- Para que te dieron la cabeza |
- Déjame ayudarte |
El cambio comienza por un paso... comencemos pues con él...
Vicky Echeverry – Colombia
Jorge Mendoza – México
Imágenes adaptadas por Iana Rivera - Chile
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