

Los tipos Ocho, Nueve y Uno se han formado en torno a distorsiones de sus instintos, que son la raíz de su fuerza vital.
La tríada del instinto tiene que ver con la inteligencia del cuerpo, con el funcionamiento básico vital y con la supervivencia. El cuerpo tiene un papel importantísimo en todas las formas de trabajo autentico porque devolver la conciencia al cuerpo afirma la cualidad de la presencia. El cuerpo existe en el aquí y en el ahora, en el momento presente, lo que es fundamental para poder realizar un buen trabajo de desarrollo personal.
Cuando en realidad se habita el centro instintivo, éste da una profunda sensación de plenitud, estabilidad y autonomía o independencia. Cuando se pierde el contacto con esa esencia, la personalidad intenta "llenarla" proporcionando una falsa sensación de autonomía. Para encontrar esa falsa sensación de autonomía la personalidad crea lo que en psicología se llama mecanismos de defensa. Los tipos de personalidad de esta tríada procuran resistirse a la realidad (creando límites para el Yo, basados en tensiones físicas).
Estos tipos de personalidad tienden a tener problemas de agresividad
y de represión; bajo las defensas de la personalidad llevan
muchísima ira.
Los Ochos, Nueves y Unos suelen saber cómo
se sienten y en general no tienen mayor dificultad para entrar
en acción. Ellos, en vez de eso, se ignoran a sí
mismos, y es habitual que reaccionen desde el cimiento emocional de
la rabia. Es típico para estos
tres estilos que tengan la mayor dificultad en el campo de la
razón y luchen para recordar sus propias necesidades.
En la literatura del Eneagrama, a los Ochos, Nueves, y Unos se le
llama los "tipos instintivos"
porque ellos tienden a ser detectores de la sensación corporal,
personas que perciben cosas física e intuitivamente, antes
de saberlas de manera cognitiva. Están más propensas
a las dificultades con la apropiada concepción racional y experimentan
a menudo una especie de nublamiento mental.
Imagínese que está en el centro de una fiesta animadísima,
plena de gente que usted conoce, y nadie puede verle u oírle.
Igual que el hombre invisible
puede intervenir físicamente, pero permanece sin ser visto.
Usted sabe que está presente, pero por alguna misteriosa razón
nadie más lo sabe. De vez en cuando algunos miran en su dirección,
y usted empieza a corresponder con algo; luego se da cuenta que están
mirando a alguien que está detrás de usted. En otros
momentos, escucha "por casualidad" a sus amigos, cotorreando
sobre usted. "En ausencia suya", desde luego.
Después de intentar en vano interactuar recíprocamente,
cada vez usted está más frustrado por la situación.
Pero de pronto y gradualmente, comienza a pensar: "Bien, quizá
no estoy aquí realmente." Una especie de oscurecimiento
empieza a enseñorearse sobre su percepción y poco a
poco usted se olvida de por qué vino a la fiesta, de qué
desea, y hasta de quién es usted. Alguna parte suya se ha dado
por vencida y ha aceptado la situación. Pero en otro nivel,
usted se siente furioso.
Ochos, Nueves y Unos, todos se sienten invisibles y enojados pero
reaccionan diferente a ello. Un Ocho en la fiesta
imaginaria, quizá resuelva afirmar su presencia de alguna forma
imposible de no notar para corregir la injusticia de ser pasado por
alto. Un Nueve quizás se resigne a no ser
visto y se dedique a surtir el mostrador de las bebidas, enterrando
su rabia o expresándola indirectamente. Un Uno,
podría aplicarse en corregir el desastre que luce la mesa del
bufé, canalizando su enojo en preocupación por el orden.
Por lo general, los Ochos, Nueves y Unos son más cenestésicos
y auditivos que visuales. Y no obstante que pueden ver con claridad
el mundo externo, suelen tener una visión interna brumosa o
distorsionada, en especial cuando de ver sus propias necesidades y
prioridades se trata. Los tres estilos tienden hacia el pensamiento
polar y pueden reducir situaciones complejas al planteamiento de
todo o nada, o al ni
esto, ni lo otro tampoco. Esto es mucho más
un desorden del raciocinio que alguna limitación con el corazón
o la voluntad; es poco fácil pensar con lucidez cuando tú
no estás ahí realmente.
El pensamiento de un Ocho tenderá a polarizarse
al servicio de la necesidad de sentirse
fuerte, tomando la forma de "estás
conmigo o estás contra mí". Los Nueves
podrían absorberse mentalmente en lo irrelevante o sentirse atrapados entre dos opciones opuestas
sin que al Nueve ninguna de las dos le importe de verdad. Los Unos
retorcerán su raciocinio mediante la reducción de la
realidad multidimensional a sobresimplificadas categorías de blanco y negro.
Como detectores de la sensación corporal, todos los Unos, Ochos
y Nueves tienden a entumecer sus emociones mediante su conversión
en sensaciones físicas. En vez de decir "Eso hiere mis
sentimientos" o "Estoy desconcertado", alguien de este
trío podría decir "Esto
hierve en mi piel" o "Estoy
inquieto". La persona está más consciente
de una sensación física que de una emoción.
Los Ochos suelen convertir sus emociones en lujuria
sexual y energía física, mientras que los Nueves
pueden convertir las suyas en salpullidos de la piel, somnolencia,
dolores de cabeza o problemas en los ojos. Los Unos
aún no despiertos suelen traducir sus emociones a tensión
en el cuerpo y rigidez: a lo que se llama "armadura
del carácter." Un Uno muy bien podría estar
necesitando gritar y por el contrario ponerse tieso o sentirse exhausto.
En los libros de Eneagrama, la tendencia a suprimir o a descuidar
la propia posición personal se llama auto-olvido, pero otro
término para ello podría ser amnesia hipnótica.
Esta dificultad suele ser descrita como una condición de "mente
dormida"; sin embargo, existe otro término para el raciocinio
polarizado y confuso: seudopensamiento.
Los Ochos, Nueves y Unos por lo general crecieron sintiéndose
pasados por alto. La gente con estos estilos pudo haber experimentado
su mundo temprano como indiferente, un ambiente donde sus vulnerabilidades
y necesidades no encontraban lugar. A diferencia de los Dos,
Tres y Cuatros quiénes se sintieron malinterpretados, los
Ochos, Nueves y Unos a menudo se sintieron invisibles
o ignorados.
Cargando aún con estas experiencias de vida infantil, es habitual
que cuando adultos pasen por alto tanto sus sí mismos como
sus necesidades, anticipándose a ponerse invisibles para los
demás. Ochos, Nueves y Unos, todos tienen una tendencia hacia
el auto-descuido como expediente para anticiparse y evitar la negligencia
de otros. Así como los Dos,
Tres y Cuatros tienden a auto-rechazarse, y los Cincos,
Seis y Sietes tienden a caer en auto-oposición, los Ochos,
Nueves y Unos tienden a auto-borrarse.
Los Ochos adultos se borran a sí mismos y
luego compensan exagerando su presencia.
Los Nueves se borran a sí mismos y luego se
centran en adaptarse, y acomodarse al medio ambiente. Los Unos se auto-suprimen y relegan
sus necesidades a sobre-objetivados principios, olvidándose
de lo que desean realmente y poniendo su atención en lo que
"debería hacerse".
La herida primigenia que comparten estos estilos es a su sentido del
ser; es una perdida del reconocimiento personal, heridos por el desdén.
La paradoja que impera en estos estilos es "Para ser
atendido y tenido en cuenta, debo pretender no estar aquí."
El desafío general para los Ochos, Nueves y Unos es comenzar
a verse a sí mismos y recuperar su presencia, tomar conciencia
de sus necesidades, y enfocarse en sus prioridades personales y su
sentido interior de sí mismos. Ellos aprenden a revelar un
ser real antes invisible y comienzan a razonar y a ver las cosas desde
una actitud más amable.
| Centro: | Instintivo |
| Interés o preocupación: | Resistencia y control del entorno, poder, temen ser dominados y explotados |
| Problemas de: | Agresividad y represión que se traducen en "malas" relaciones con los demás y el entorno en general. |
| Buscan: | Autonomía |
| Sentimiento soterrado: | Ira |