

por
F. Fernando Ruiz-Torres (crystofer@prodigy.net.mx)
«La eugenesia (buen gen), filosofía social que propugna por la mejora de los elementos hereditarios de los seres vivos mediante varias formas de intervención, es positiva cuando se aplica a la selección artificial en plantas y animales útiles al ser humano. Es negativa cuando se aplica a los seres humanos porque, en el fondo, pretende imponer ideologías con elementos racistas. Los criterios de selección son, en el caso de niños índigo, atributos que, elegidos arbitrariamente, benefician a cierto grupo selecto y
perjudican a otro, lo que es absolutamente inadmisible.»
Leos K.
Felton.
«La teoría de la inteligencia superior es muy conveniente
para los que ocupan los peldaños superiores de la escala social
y económica. Esta postura es totalmente coincidente con la
teoría de la raza superior y los subhumanos, curiosamente sostenida
por la biología y sociología
nazis.»
Isaac Asimov.
Cierta persona del medio esotérico de la Ciudad de México, allá por el año 2003, hizo un ‘análisis’ de aura y otras pruebas a un niño de aproximadamente nueve años de edad. La mamá -mujer humilde- y él, esperaban ansiosos el dictamen. Luego de unos minutos de espera, la experta sentenció con frialdad: ‘Lo siento señora, su hijo no es un niño índigo’. El rostro del niño evidenció que había recibido la noticia con gran pesar, la madre lo miró un tanto desilusionada, pagó el ‘estudio’ y sin decir nada más que dos o tres palabras, salió del lugar.
Hace tiempo se pensaba que los seres humanos estábamos divididos por razas. Ahora esto es anacrónico, de acuerdo a los recientes descubrimientos genéticos se sabe que somos una sola raza, el color de la piel nada tiene que ver con el viejo concepto de la diferencia racial. Así es que si la ciencia ha abolido la diferencia racial y las luchas sociales han logrado cierta igualdad de derechos, el ego colectivo (encarnado en Tappe, Carroll y Tober) ha inventado una manera novedosa para otorgar privilegios y marcar diferencias de superioridad, o insinuar la inferioridad, de un(a) niño(a) con respecto de otro(a): el color predominante en el aura (añil o azulado), que denotaría superioridad mental y espiritual.
Conozco a un matrimonio en California que tiene dos hijas, una de
ellas –me
dicen- es ‘índigo’, la otra es ‘normal’.
La índigo va a una escuela especial para niños índigo
y sus padres la tratan bajo el código índigo: seguridad
y respeto, no violencia, amor y verdad. Y como la otra es ‘normal’,
entonces el trato para ella es… ‘normal’. Además,
la índigo tiene unas maneras despectivas, humillantes, hacia
su hermana ‘normal’, los padres lo permiten y justifican
porque entre otras los ‘índigo’ –afirma la
teoría- llegan al mundo sintiéndose
reyes y se comportan como tales; parecen ser antisociales, a menos
que se encuentren con personas como ellos.
Esta arrogancia permitida y el hacerlos cómplices de nuestros
sueños de tener un niño genio o especial (secreto de
muchos mamás y papás), puede ser muy delicado para su
sano desarrollo psíquico. En todo niño, sin excepción,
es incluso necesario hacerles sentir que son maravillosos, capaces
de lograr grandes cosas y, en cierto sentido, especiales, pero jamás,
por ningún motivo, enseñarles que son superiores a otro
semejante. Los conflictos que llegan a desarrollar por su precoz prepotencia,
por las presiones, expectativas y frustraciones por parte de sus padres
son, créanme, devastadores.
Un segundo tema es que los ‘índigo’, según
esa versión, suelen ser hiperactivos y de poca concentración
especialmente escolar. Así, un analista esotérico poco
versado en la ciencia del comportamiento infantil, al detectar estos
síntomas, puede que determine que se trata de un ‘índigo’ cuando
en realidad el menor pudiera padecer un síndrome llamado Trastorno
por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) que
se presenta con frecuencia en los niños, cuyas causas pueden
ser diversas, y su identificación y tratamiento oportunos pueden
prevenir muchos de los problemas asociados con este síndrome.
Una confusión en este sentido, o peor, dejarse llevar por el
criterio ‘índigo’ de que es así porque no
se adapta al mundo convencional por su ‘linaje extraterrestre’ es
de consecuencias para el niño. Aclaro que este artículo
no es para promover a los grandes laboratorios farmacéuticos
que han puesto los ojos en un mercado sensible lo que les ha generado
ya jugosos dividendos, personalmente estoy en desacuerdo con que el
tratamiento de TDAH –salvo en casos severos- sea con uso de
cafeína, nicotina o fármacos psicoestimulantes (especialmente
la controvertida ritalina). Hay tratamientos psicoanalíticos
alternativos, serios, con muy buenos resultados. Nuevas marcas medicamentosas
que ofrecen milagros (sin decir nada sobre los efectos secundarios)
se están colando peligrosamente en las escuelas, lo mismo sucede
con la promoción y la explotación comercial del llamado
fenómeno índigo.
Tampoco pretendo anteponer la ciencia racional sobre la ciencia intuitiva,
ambas tienen mucho que aportar a la humanidad. Y si bien los partidarios
de una corriente excluyen a la otra, creo que ambas tendrán,
alguna vez, que trabajar juntas. La lectura del aura con aparatos sensibles
de medición de energía que envuelve a los organismos
vivos es todavía polémica igualmente su interpretación;
además ésta se sustenta en un código de colores
cuya lectura es bastante simplista. Una tonalidad, al igual que un
sueño,
puede dar lugar a varias interpretaciones y aún más,
lo que pudiera traducirse como sano y espiritual pudiera ser el aviso
de un síntoma. El aura es la representación no solamente
del estado emocional y ‘espiritual’, también lo
es de la función de los órganos internos y es el cerebro
(por el poder de la imaginación y el pensamiento) el que pareciera
predominar en la emanación de tonalidades. Un aura de tonalidad
azul o añil no necesariamente indica algún grado de ‘superioridad’,
pudiera ser que esté dando una señal distinta. En una
tomografía,
por ejemplo, de un cerebro sin trastorno
del déficit de atención con hiperactividad, imperarían
los colores rosado intenso y el naranja en tanto que en un cerebro con TDAH
el azul y el índigo.

Tomografía que indica un cerebro sin TDAH
(izquierda)
y otro con el padecimiento (derecha).
No discuto si el color azul en el aura nos indica que el niño es sensible, cariñoso, intuitivo, emocional y que la tonalidad añil nos diga que es artista, sensible, espiritual. En mi experiencia profesional he encontrado esta constante en todos los niños (salvo muy raras excepciones). No es preciso hacer estudios de aura para encontrar en cada nuevo ser que llena de luz a nuestro planeta con su sola presencia el hálito espiritual divino, el milagro de la creación. Corresponde a ti como mamá, como papá, conservar esta llama: predicar con el ejemplo, enseñarle los más elevados valores espirituales, dedicarte a su formación interior, artística, física e intelectual cada día de tu vida, protegerlo de la andanada de estupideces mediáticas y de la manipulación mental de las nuevas tecnologías, hacerlo(a) sentir amado(a), único(a), irrepetible, pero hacerle saber que todo en el mundo es así. Enséñale a respetar a sus semejantes, a la naturaleza, muéstrale la sencillez y la compasión, que te vea orar o meditar, que encuentre en ti el espejo de la tolerancia y la armonía. Enséñale a reír, reaprende a jugar, muéstrale la magia de los amaneceres y los atardeceres y, a su ritmo, el sentido de la responsabilidad y la disciplina. No es una fotografía de la más sofisticada cámara kirlian la que va a decidir si tu hijo(a) es ‘especial’ por cierto tono en su campo biomagnético, no tiene una máquina la opinión definitiva; la tiene, lo sabes, tu propio corazón.
La imposición del criterio de una supuesta raza superior (las culturas española sobre la indígena; la nazi sobre la judía; la anglosajona sobre la negra) siempre han sido justificación para el sometimiento, la degradación y el aprovechamiento. Richard Lynn, profesor de psicología de la Universidad del Ulster, ha afirmado en tiempos recientes que los alemanes son -sustentado en estudios ‘científicos’- los más inteligentes de Europa (y, por su particular estadística, del mundo). Inmediatamente Estados Unidos respondió con la creación de la teoría ‘índigo’ bajo estudios ‘científicos’ y con el número poblacional de niños índigo más alto del mundo.
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