
© keb
Había una vez un ser extraño. No podía ni él
mismo precisar su "extrañez".
No se debía ni a su apariencia física ni a su desbordada
emotividad o su probada inteligencia, No. No se debía
a sus ropajes de colores ocres o pardos ni a su andar pausado o su
constante divagar por parajes lejanos. No se debía ni a sus
sueños poblados de sombras y luces o de falsos multicolores
o criaturas mitológicas y seres de difícil clasificación...
No, por ahí no era. Ni se debía tampoco a su edad sin
edad, a su tiempo sin tiempo, a su momento atemporal. Se debía,
quizá, simple y llanamente a su lunar... un lunar grande, oscuro
y de vello espeso que le cubría parte de la mano derecha...
Si, tal vez, tal vez ese era el
motivo, tal vez por fin había encontrado la respuesta... El
lunar era la causa de esa molesta sensación de opresión
¿molesta?, en realidad era más bien una discorde sensación
con un tufillo lejano de no sé que...
Esa mañana estuvo revisando a conciencia su lunar, esa extraña
mancha que lo cubría... tanto tiempo con él y hasta
ahora le prestaba la atención que se merecía, tanto
tiempo justo delante de sus narices y apenas ahora lo tenía
tan claro: él era el causante de
sus males, de sus dolencias, de sus pesares... él tenía
la culpa de esa extraña "extrañez"
que lo habitaba, esa mancha odiosa, insidiosa, negroide, animal y
bastarda.
Tomó la navaja... una sonrisa diabólica reflejó
su rostro... Nunca se había sentido tan(m)bien.
Miró el cielo: reverberaba y hasta pudo percibir una leve brisa
en la frente, las sienes y el ondular de su cabello... inspiró
profundamente... cuán fresco se sentía el viento hoy,
como que intuía atisbos de libertad... pasó los dedos
por la hoja afilada de la navaja tomándose todo el tiempo del
mundo. No hay prisa, no puede haberla en un momento así...
saboreó su filo, paladeó la sensación de la piel
abriéndose de par en par y dejando que la sangre tomase su
cause hacia la madre tierra... lentamente, se imaginó como
la "mancha" se desprendía
de su sitio y lentamente se consumía y devoraba a sí
misma en la noche, mientras él se despedía de ella cariñosamente
puesto que a partir de ese momento ya nada sería igual... La
mácula por fin lo habría abandonado...
Un escalofrío recorrió su espalda al intuir esto último:
"¿Qué pasará entonces?
¿Qué hay más allá del lugar sin lunar?
¿Qué se sentirá respirar sin ese pesado bulto
que oprime algo más que el cuerpo? ¿Adónde ir?
¿Qué hacer?"
Meditó ampliamente esto. Duró varios días sin
comer, dándole vueltas al asunto, un asunto que se había
tornado en su prioridad, un asunto sobre el cual giraba toda
su vida y su muerte.
No pudo finalmente decidirse entre el deshacerse de su maldición
o entregarse completamente a ella... Con la mirada perdida y vagando
en el ocaso se le mira todavía... dicen de él que suspira
lamento y aspira melancolía... dicen también
que pasa largas horas extasiado contemplando su mancha en una
procesión sin principio ni fin... Por ahí
rumoran que hasta le habla y se han hecho grandes amigos aunque por
momentos la odia a muerte, pero intuye
que su muerte está unida a la de
ella.
Hombre y mancha caminan juntos.