Arterapia es una corriente de exploración de la interioridad personal que abre un camino fascinante hacia una mayor conciencia de nuestro lugar y nuestro proceso vital en el mundo. Sin duda la Arterapia, acogiendo disciplinas artísticas bajo la mirada del despertar de la Conciencia, es un camino todavía nuevo, abierto a una gran expansión.
Desde que los diversos precursores del análisis de la mente como Freud, Jung o Adler, y más tarde lo de lo transpersonal como Groff o Wilber hicieron su aparición, el mundo de lo interno no ha dejado de evolucionar. El arte, de igual forma, abrió sus puertas a un gran cambio: Van Gogh, Gauguin y más tarde con el surrealismo y el abstracto. Tampoco la expresión artística ha dejado de evolucionar. Son dos caminos, dos realidades que acaban por confluir en el tiempo.
He trabajado profusamente con el Collage como punto de partida y he llegado a constatar que el arte plástico puede acoger una especie de “revelación” del inconsciente. El Arte despierta la intuición, la capacidad de reflexionar, de enlazar mundos incomunicados y, sobre todo, posibilita que un fragmento del mundo interior emerja y se comunique con el exterior.
Trabajar enfocando la atención al mundo interior, dando importancia al Inconsciente, en una perspectiva de futuro, hace que la espiritualidad tenga un lugar propio en el mundo. El lugar que el mundo interior ofrece a la realidad es el de manifestarse como el Centro de la existencia.
La Arterapia trata de explicar, y ayudar en el cambio que se está operando en la interioridad de las personas, y construir una relacion nueva con la realidad, donde el inconsciente quiere hacerse cuerpo en el mundo
El hombre sale del espacio de sus sombras y emerge en el Sí
Mismo. El sombrero remarca su identidad masculina. El entorno onírico representa las posibilidades potenciales, todavía indefinidas, de su Ser. El circulo oscuro representa el espacio de una reflexión íntima en la que debe orientar su desarrollo, o sea, el proceso de individuación. |
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La derecha representa el ser exterior, el
espacio de relación externa. En ella aparece un maniquí,
simbolizando la pérdida de la mismidad en el entorno.
Debajo se encuentra una mujer troceada que alarga su mano hacia
un cuadrado negro: simboliza una toma de conciencia y la necesidad
de un retorno hacia el Si Mismo. |
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La separación en una fase del proceso de individuación. El Amor y el Conocimiento prefiguran la unidad futura. La totalidad se adivina tras la existencia cotidiana. La escena lleva al hombre de todos los días hacia el no tiempo, el tiempo de lo eterno... Entre sus anhelos está la compresión de lo sagrado y el encuentro de la mujer, representados ambos en la “distancia”, a la derecha de la imagen. Ambos se ven unidos y encontrados en la esfera roja. Así, las manos representan a las dos partes individualizadas y, al mismo tiempo, realizadas como ideal del otro: el hombre y la mujer. La esfera roja representa lo sagrado que les une y les da sentido en el Amor y el Conocimiento. La fuerza simbólica de la composición refuerza el sentido de lo eterno como realidad absoluta, más allá de los tiempos individuales. Ese “traslado” hacia los grandes tiempos, los tiempos absolutos, marca una fase importante del proceso de individuación. Es el despojamiento crítico y la limpieza de ciertas ideas y estructuras personales adquiridas del entorno pero que no tienen sentido en la estructura propia del proceso de individuación. Es un cambio de mente: de una mente cotidiana y cultural o social, a una mente absoluta. |
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La propagación del Sí Mismo, el Ser,
más allá de la soledad. |
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